Aparezco el sábado cómo había prometido muy al pesar de Georgine. Están en una fuente a la entrada de la playa, donde un montón de niños ríen y juegan yendo de chorro en chorro de agua.
Georgine está enrollándose un mechón de su pelo y luego soltándolo mientras pestañea descaradamente. Eric apenas la mira, observando con una expresión pensativa y sombría a los niños. Una niña se le queda mirando y se para delante de él.
-¿Qué miras?-le pregunta con curiosidad. Eric repara en ella y la mira desde arriba, dándome la espalda. Pero antes de que se gire puedo ver como una lenta sonrisa aparece en su cara.. Una sonrisa que no me da buena espina.
-¿No te han dicho nunca tus padres que no debes hablar con desconocidos?-la preguntó. Cuando la niña se encogió de hombros, Eric añadió en un susurro amenazante:- Podrían ser personas malas, acabarías haciéndote daño...
De repente la niña parece asustada. Empieza a hacer pucheros, a punto de llorar. Acaba corriendo nerviosa y buscando a sus padres.
Me paro un momento con curiosidad. Eric vuelve a girarse y puedo ver todas sus facciones, que observan todo impasibles y con dureza. Georgine comienza a reirse a carcajadas.
-Vaya, Eric, pensaba que habías perdido facultades, pero...
Georgine no acaba la frase, porque en ese momento Eric advierte mi presencia y ella, siguiendo su mirada, también me ve. Viendo que ya no me queda otra, me acerco a ellos fingiendo normalidad, como si no les hubiese estado escuchando.
-Gabrielle, has venido por fin-me dice Georgine con una nota tirante. Eric no dice nada, se limita a mirar de arriba abajo el vestido verde veraniego que llevo.
Empezamos a caminar de tienda en tienda mientras Georgine va vaciando su tarjeta de crédito. Eric lleva sus bolsas como un perfecto caballero, mientras yo aguanto los pesados flirteos de Georgine.
Dan las siete de la tarde y decidimos cenar en el Frosty Frog. Georgine se sienta muy pegada al lado de Eric, que permanece indiferente mientras mira el menú. Mi cara, que transmite mi desidia, cambia en un segundo cuando oigo un familiar:
-¡Gab!
Michael me mira con sorpresa de pie al lado de mi mesa.
-¡Michael! ¿Qué haces aquí?
-Vengo a recoger unas pizzas.
-Siéntate-le pido, haciéndole un hueco a mi lado.-Georgine, Eric: este es Michael-les presento.
Georgine mira a Michael con desdén, sin saludarle siquiera. Con una mueca de superioridad se pone a leer el menú, ignorándole.
Pero cuando las miradas de Michael y Eric se encuentran es como si en alguna parte del mundo una batalla hubiese estallado. Eric no oculta su odio a Michael, que hace exactamente lo mismo.
-¿De qué os conocéis?-pregunta Eric.
-Michael es mi entrenador en Van der Meer y mi amigo desde hace años-contesto yo.
Michael me mira y sé perfectamente lo que me quiere decir: "¿qué haces con él?". Pero no lo comprendo es obvio que Michael y Eric no se conocían de antes, pero en la mirada de ambos hay un rastro de reconocimiento que no llego a entender. Como si se hubiesen encontrado en otra vida.
Entonces recuerdo la advertencia de Michael la primera vez que le pregunté por Eric "no te conviene, Gabrielle. Aléjate de él".
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