domingo, 13 de noviembre de 2011

Capítulo 17.

La lluvia resbala por el rostro de Eric y le pega el pelo dorado a la frente. Mira a Michael con indiferencia y tranquilidad, como si le aburriese pelearse, o como si estuviese tan seguro de su victoria que no le preocupase en absoluto.
De fondo los rayos que cen desde el cielo animan la pelea como ángeles cayendo. La lluvia no cesa y cae cada vez con más fuerza, empapando toda nuestra ropa hasta convertirla en una segunda piel. El aparcamiento está resbaladizo y solitario, tan oscuro como la noche que nos rodea, exceptuando un par de focos que iluminan el imaginario ring de lucha.
Michael es el que lanza el primer puñetazo, un gancho de derecha directo a la barbilla de su contrincante. Pero nunca llega a impactar. Eric es más rápido y lo ve venir, apartándose a un lado.
-¡Para, Michel, para!-le chillo. Su rostro se ha convertido en una máscara de pura determinación. Parece que ni siquiera me oye a pesar de estar gritándole casi en el oído.
Georgine me aparta a un lado y yo la dejo, mirando todavía al hombre que parece mi entrenador aunque yo ya no le vea del mismo modo. ¿Dónde está mi Michael pacifista? ¿El Michael que no se mete en peleas, educado y buen chico? Se ha transformado por completo para dejar paso a un ángel vengador.
Muchael lanza otro puñetazo lleno de rabia. De repente Eric se aparta a un lado y le devuelve el golpe en plena mejilla, haciéndole trastabillar y caerse al suelo. Está tranquilo, como si apenas tuviese que mover un dedo. Un rayo vuelve a caer y veo la humillada expresión de Michael, que se frota la cara mirándole a los ojos desde el suelo, para luego ponerse en pie.
Michael se acerca a Eric para vengarse, quien prácticamente le invita a ir, quedándose quieto y componiendo un amago de sonrisa burlona.
Pero yo me pongo en medio de los dos antes de que vuelvan a empezar con los golpes. El pelo me chorrea por la espalda y está liso por el peso del agua. Parece que me haya tirado a una piscina con la ropa puesta. Por suerte hoy no llevo maquillaje que me pueda hacer parecer un mapache, aunque igualmente estoy horrible.
- Parad ya, los dos-les ordeno, girándome para mirar a Eric a los ojos. Pero Michael intenta apartarme de nuevo así que, dándole a él por perdido, me dirijo a Eric, que me mira por debajo de sus pestañas llenas de gotitas de lluvia.
-Eric, para esto-le pido, antes de hacerme a un lado. Sigue mirándome con sus increíbles ojos mientras Michael se acerca a él. No sé si no lo ve venir o le da igual, pero Michael por fin consigue acertarle en plena cara. Una sonrisa de triunfo ilumina la cara de mi entrenador, pero la de Eric no transmite siquiera dolor. Permanece impasible mientras me mira y se gira para irse con las manos en los bolsillos.
Georgine sale corriendo detrás de él, con los brazos alzados en señal de incredulidad. Solo llego a oir un par de frases, antes de que se pierdan en la oscuridad del aparcamiento.
-Pero ¿qué te pasa? ¿Tengo que demostrarte de otra manera lo que ella te hace?
No me paro a reflexionar sobre ello, sino que salgo corriendo a por Michael, que está sentado en el suelo intentando respirar hondo.
-Michael, ¿estás bien?-le pregunto preocupada. Le acaricio el pelo y llego a la mejilla. Aprieta los labios por el dolor y recuerdo que es ahí donde Eric le ha golpeado.
Él asiente con la mirada perdida en el asfalto. Yo sigo acariciándole el pelo con nerviosismo, evitando rozarle siquiera la mejilla. La lluvia sigue cayendo pero los truenos empiezan a alejarse. Eso debería ser tranquilizador, pero el silencio que la tormenta deja a su paso me aterroriza aún más.
De repente, al ver a Michael, empiezo a comprender que nunca le he conocido de verdad en estos cinco años que llevamos como amigos. Y ese pensamiento me hace sentir terriblemente sola, abandonada por un mundo que ni siquiera parece el mío.

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