Nos dirigimos a la recepción de urgencias, donde le facilito mis datos a la enfermera. Cuando llego a mi fecha de nacimiento alza la cabeza y me sonríe.
-Felicidades.
Yo la devuelvo la sonrisa, pero me duele la cara y me sale algo parecido a una mueca.
-Menudo regalo de cumpleaños-dice Eric.
-Los he tenido mejores, no lo dudes-le contesto sentándome en una silla.
-Gabrielle-me llama un doctor cinco minutos después. Me levanto y me dirijo a su consulta, con Eric a mi lado que anda cerca de mí por si me caigo.
Me hace una inspección general y me manda a casa diciendo que no es nada grave y que como mucho me puede dar algo de jaqueca, y en ese caso una aspirina lo soluciona.
Llegamos de nuevo al parking y voy a subirme al coche de Eric, cuando veo que abre el maletero. Saca mi bici y la coloca tumbada sobre el asfalto.
-¿Qué estás haciendo?-le pregunto. Él me mira mientras cierra otra vez el maletero.
-Estás bien así que ya no tengo ninguna culpa y puedes volver a casa tú solita.
-¿Cómo? Has destrozado mi bici- le recuerdo.
Él se encoje de hombros con indiferencia.
-No deberías haber estado en medio de la carretera.
-Y tú deberías mirar por donde conduces-le digo, empezando a cabrearme.
-No soy yo el que ha salido malparado-me replica metiéndose en el coche y arrancándolo.
En menos de diez segundos está fuera de mi vista. Maldigo contra él y empiezo a caminar, arrastrando la bici tras de mí. Dándome cuenta de que no me sirve de nada la abandono en un contenedor y sigo andando.
Después de más de una hora caminando llego a casa y me tumbo en la cama.
No puedo creer que Eric sea tan cabrón. Eso ha sido pasarse de la raya. ¿Cómo se le ocurre? Abandonarme de esa manera...
Me levanto y voy al baño, para enfrentarme de una vez por todas a mi reflejo. Tengo el pelo negro enmarañado y con unos nudos que me va a costar deshacer y justo en el nacimiento, en la frente, una herida con sangre reseca al rededor. En mi mejilla derecha hay un arañazo y mi ceja izquierda está llena de sangre. Mis ojos, de un violeta realmente extraño, no han sufrido demasiado daño pero el izquierdo está levemente hinchado. Igual que mi labio inferior, que también tiene sangre reseca. Mi barbilla tiene un cortede aspecto bastante horrible, pero no me preocupa demasiado.
Me miro los brazos y las piernas, recubiertos por arañazos y moratones se muy mal aspecto. Los nudillos de mis manos están en carne viva y me duelen al cerrar el puño.
Me aplico alcohol en todas las heridas y me niego a hacer ninguna señal de que me escuecen. Eso me pasa por andar sin casco y sin protecciones.
Oigo la puerta de casa cerrarse y me doy cuenta de que mis padres ya han venido. Ahora me toca explicarles donde está la bici y por qué estoy llena de heridas.
Ya puedo ver a mi madre soltar un grito de horror y a mi padre palparme la frente para ver si estoy bien. Una bonita manera de fingir que al fin y al cabo sí que se preocupan por mí. Cuando en realidad los tres sabemos que es mentira.
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