El sol me despierta a las ocho de la mañana siguiente. Tomo el desayuno con calma en el sofá y cojo la bici para ir a Van der Meer. El sol pega fuerte y la humedad es aún más elevada que la temperatura. Perlas de sudor pueblan mi frente incluso antes de que el partido comience. No le dedico ni un solo minuto al recuerdo de la noche anterior. Ni a la pelea, ni a la escena posterior en mi casa. Solo dejo que el cabreo me invada e insensibilice mi cerecro como si fuese anestesia. Planeo controlarlo y dejarlo escapar en el minuto adecuado, demostrándole a Eric que no le necesito, que me da igual lo que él quiera y que no soy otra niña tonta que le va a obedecer sin rechistar.
Llego a Van der Meer y entro a las pistas. La primera persona que veo es Eric, sentado en una silla bebiendo agua con una toalla en la mano. Debe haber llegado antes para ir calentando. Aprovecho que él todavía no me ha visto para observarle. El pelo le brilla con el sol incidiendo en él. Parece como si una luz dorada envolviese su cabeza. Tiene un ligero moratón en la mejilla, fruto seguramente de la pelea de ayer. Sin embargo, eso solo proporciona mayor interés a su rostro. Y sus ojos. Madre mía, podría nadar en sus ojos. Podría perderme en esos ojos, tan azules y desfiantes, y que ahora... me están mirando.
Me doy cuenta de que me ha visto y avanzo hacia él con la raqueta colgando de mi mano.
-No te servirá de nada calentar-le aseguro.
-No tienes ni idea de donde te has metido, ¿eh?-Por primera vez en una semana le veo sonreir. Una lucecilla vuelve a iluminar el fondo de sus ojos, pero se apaga igualmente. Me intento concentrar en ella y me hace sonreir, olvidando así todo el enfado. Pero la suya no es una sonrisa alegre. Es una sonrisa de sacrificio y resignación de alguien que sabe lo que va a suceder y no lo puede cambiar aunque lo desease con todas sus fuerzas. Es una sonrisa de dolor y desconsuelo que forma un nudo en mi garganta y borra mi sonrisa.
-Eric-le llama Mrs. Smith con severidad.
Él gira la cabeza y puedo observar impotente como esa luz se apaga del todo.
-Ya voy, Mrs. Smith-la contesta dejando la toalla sobre la silla y pasando a mi lado. Es como si Eric no pudiese desafiarla. Les miro y ella me devuelve la mirada con un destello de desagrado en sus facciones. Frunce los labios con disgusto al girarse hacia mi contrincante. Empieza a susurrarle rápidas frases cuyo significado no llego a comprender.
-Gab, espero que hayas dormido bien-me dice Michael poniéndose a mi lado. Tiene el pómulo derecho hinchado y con un aspecto amarillento bastante feo.
Pienso en la noche que he pasado intentando conciliar el sueño en vano debido al recuerdo de las palabras de Eric y decido no contestarle.
-¿Cómo está tu cara?-Me acerco para palpar su pómulo con suavidad y aparta el rostro con una mueca de dolor.
-Mejorando-dice.-Ese cabrón tiene bastante fuerza.-Mira con rencor hacia el otro lado de la red, donde Georgine y Eric ya se han situado.
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